PUTA CABEZA!
Esquí de muntanya | 02/02/2017

Ésta es una historia que él pensaba que no tendría que volver a escribir. Él creía que era una etapa superada en su vida. Pero igual que el pasado nunca es pasado ni se supera -sólo es una dimensión del presente- las guerras y batallas psicológicas nunca se ganan. Pero tampoco se pierden, simplemente no se terminan nunca. Uno no debe buscar verdades absolutas ni recetas mágicas que pueda aplicar indistintamente a lo largo de su vida. Para el inseguro sólo le basta el presente, lo que hoy sirve mañana no le va a servir. Todo es ahora y aquí, siempre lucha, siempre buscando sin pretender encontrar la receta mágica fruto de una victoria absoluta. 

La historia que este deportista inseguro creía haber olvidado es la de alguien perfeccioncita y autoexigente consigo mismo. Si no fuera así difícilmente habría podido destacar. Seguramente que los más perfeccionista y autoexigentes son personas que si buscan dentro suyo encontrarán a alguien inseguro y con una baja autoestima. Buscan en la perfección legitimar-se, primero con uno mismo y luego a imagen del resto de personas. Y es esta inseguridad que induce la autoexigencia y al perfeccionamiento que a menudo hace tropezar a ese deportista que un día creyó haber sabido matar a sus fantasmas. Quizá el primer error fue pensar que los había matado, porqué en realidad éstos nunca mueren, siempre están allí y siempre van a volver cuando bajemos la guardia. Estos fantasmas hacen que se olvide de lo que debe de hacer en la competición o en los entrenamientos y malgaste su energía fabulando e imaginando donde puede situarse en la carrera, como estará de fuerte ese alemán o ese italiano y en función de la lista de inscritos ya poder hacer una clasificación imaginaria antes de correr. Aquello tan viejo de vender la piel del oso antes de matarlo. Esta fabulación implica que la presión y la autoexigencia suban, que se centre en el resultado y se olvida de lo que debe de hacer en cada momento. En vez de pensar en como llegar a conseguir ese resultado su cerebro se encuentra feliz y cómodo regocijándose en las emociones de un resultado final imaginario.

Durante un tiempo pensó que todo esto formaba parte del pasado. Que había aprendido a saber olvidarse de los demás, de centrarse en lo que le toca hacer en cada momento, de pensar en el presente y no en el futuro. De imaginarse dentro de una burbuja ajena a lo que le rodea y que sólo se mira hacia dentro, que todo ésto le permitía disfrutar de cada gesto, de cada movimiento de cada respiración y sobretodo que su cabeza no se aceleraba haciendo cábalas de posibles resultados.  Un deportista que se sentía satisfecho a la llegada por haberse vaciado durante una hora y media sin pausa ejecutando lo mejor que sabe cada movimiento sin reprocharse nada y sin clasificaciones.

Quizá porqué sólo nos preparamos por si las cosa nos van mal todo esto se fue al carajo por un buen resultado. Las emociones y los sentimientos que despertaron en ese deportista haber vuelto en un lugar deseado también volvieron su cabeza en ese sitio cómodo donde se había instalado durante tanto tiempo. Volvió a olvidar-se de disfrutar de cada gesto, de cada paso de cada respiración y se olvidó de lo que debía hacer en cada momento. Luego empezó a gastar su apreciado glucógeno poniéndose la presión de un resultado concreto, de imaginar el estado de forma de uno y del otro y de regocijarse en resultados que se iban alejando a medida que aumentaba ese placer fruto de las fabulaciones.

Como detrás de un inseguro amenudeo también se esconde un tímido ese deportista ha tenido que usar el refugio de la tercera persona para poder escribir todo esto. Un ejercicio intelectual –esto suena un poco pretensioso- que a parte de sacar sus fantasma le sirve sobretodo para demostrarse a él y a los otros que es capaz de hacer algo más que subir montañas con un dorsal en la pierna. Quizá escribiendo y publicando  este texto está buscando por otras vías lo mismo que busca en una competición. Quizá debería haberse guardo este texto para él y no caer en la tentación de buscar placer en la aprobación de los demás. Quizá sacándolo puede empezar a relativizar y reírse de sus fantasmas.

Quizá todo esto sea verdad, si es que en algún lugar existe la verdad. Pero lo más seguro es que sólo sea una historia, una idea de la realidad. Pero como todo se ha convertido en intelecto, de la misma forma que ya no existen cuerpos, sino ideas de cuerpos ya no existe la realidad. Hay tantas realidades como ideas de ésta se puedan construir en la cabeza de cada uno de nosotros. Pero una idea, una imaginación, un mundo fruto de nuestra creatividad interior no es la vida real. Es una historia y una historia es sólo una historia. Y quizá un día la puta cabeza de los seres humanos dejará de dar vueltas, viviremos la vida real y seremos más felices.


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