EL EJEMPLO DE JORDI PONS
Esquí de muntanya | 19/09/2016

Estos días ha trascendido la noticia de la escalda por parte de Jordi Pons de la cara norte de la Pique Longe en el Vignemale. Muchos años atrás esta misma montaña y el mismo Pons también hubiesen podido ser noticia, pero por tratarse de una primera nacional, una apertura o una repetición mundial. Pero ya hace muchos años que Jordi Pons ha dejado de ser noticia por ese tipo de ascensiones. Sin embargo, sigue siendo noticia en presente y no por la conmemoración de algún aniversario destacado de una efeméride montañera. Lo es por haber escalado ahora y con ochenta y tres años esa vía de casi mil metros de desnivel.

Podríamos escribir páginas y más páginas sobre aquél alpinista pionero de los años sesenta y setenta subiendo montañas con una mano delante y la otra detrás. Ahora podríamos recrearnos en un pasado glorioso, echado de menos y supuestamente puro. Un pasado idealizado que como no hemos vivido transportamos y abocamos lo que nos interesa para construirlo a nuestra medida y así poder huir del duro presente. Podríamos seguir mitificando esa Norte del Eiger en 1964, la Walker en 1967, la ascensión a la cumbre virgen del Annapurna Este en 1974 o el Dhaulagiri en 1979. Como se sabe que el pasado es un terreno pantanoso donde la memoria –selectiva y subjetiva- mezcla lo que pasó, lo que no pasó, lo que imaginó que pasaría y las emociones que nos generaron todas esas vivencias volveremos al presente. Un presente que nos sirve de ejemplo y donde Pons es capaz de seguir siendo noticia por lo que está haciendo y no por lo que hace muchos años hizo. Ser capaz de escalar la cara norte del Vignemale con ochenta y tres años o la norte del Dru en 2003 cunado sumaba setenta primaveras sólo se puede hacer después de toda una vida de perseverancia, método, respeto por el cuerpo, inteligencia y –sobretodo- grandes dosis de ilusión y optimismo.

Una vida que también ha dedicado a dignificar la federación de montaña con su presencia en distintas juntas directivas. Éste ha sido el motivo por el cual he podido conocer un poco a esa persona. Hemos coincidido en algunas competiciones internacionales y así he podido descubrir parte del secreto para llegar a esa edad en excepcionales condiciones. Ya sea por sus años de atleta de esquí de fondo, ya sea por su verdadero amor a la montaña y a sus practicantes Pons se aleja por completo de la figura arquetípica del federativo. Empatiza con los atletas, intenta ponerse físicamente en su piel haciendo parte de los recorridos o rehúye, en la medida de lo posible, la utilización de telesillas para ir a ver las carreras. Digamos que aplica en todas las facetas de la vida esa disciplina física para no entregarse y tirar la toalla pensando que ya no vale la pena luchar porque atrás quedan los que –supuestamente- son los mejores años de la vida. A partir de una edad esa dejadez sólo puede ayudarte a acelerar la inevitable degradación física y mental del paso de los años. En esta vida no regalan nada, este estado físico no cae del cielo y hay que perserverar a lo largo de toda la vida para llegar a la vejez así de activo. Para ello Pons ha sido capaz, a pesar del peso del tiempo, de mantener viva la llama de la ilusión y de la motivación sabiendo que nunca más será tan rápido, fuerte y ágil. El verdadero ejemplo a seguir es esa capacidad de adaptarse con lo que la vida nos va confrontando sabiendo disfrutar de las distintas caras de las que está hecha la realidad y no entregarse a la comodidad del sofá y del recuerdo de los gloriosos años que ya no volverán. Para ello son necesarias la inteligencia, humildad y honestidad con uno mismo de aceptar las limitaciones de la edad para ir adaptando su decrepitud física y mental a las distintas formas con las que relacionarse con las montañas. Por eso Pons sale a correr por Collserola, practica gimnasia cada mañana, practica la vertiente más atlética del esquí de montaña por las pistas para mantener el tono muscular y cuando sube a su casa de Andorra es capaz de subir los 800m de desnivel del Casamanya en una hora. Dicen que ahora se queja porqué sube en una hora y cuarto.

Personalmente me interesan más esas ascensiones anónimas, comunes y aparentemente sin ningún interés para la evolución de los deportes de montaña que aquellas famosas ascensiones pioneras, que abrieron camino admiradas des de un punto de vista físico, mental, técnico y exposición. Esas actividades de los años sesenta y setenta son interesantísimas para saber de donde venimos y saber a donde vamos, para quedar boca abiertos y para romperse la cabeza intentando entender como se podía subir por allí con ese material y con tan poca información. Pero no nos sirven como ejemplo ni como reto para intentar repetir. Será imposible emular a Pons en esas ascensiones pioneras simplemente porqué a pesar que las montañas -a excepción de los glaciares- no han cambiado si lo han hecho el nivel de exposición, el material, la información, los equipos de rescate o los accesos a las montañas con las modernas vías de comunicación del siglo XXI. Por eso más allá del Eiger, el Cervino, la Walker o el Annapuran Este el ejemplo que creo que más nos puede servir como verdadero reto y desafío para intentar emular es hacer todo lo posible para ser capaz de llegar a la vejez haciendo cosa parecidas a las que hace Jordi Pons con ochenta y tres años.

Esta lección de vida es la vía más creativa, ejemplarizante, larga, dura, bonita, sugerente, gratificante e inspiradora para la vida de más gente que nunca haya abierto Jordi Pons.

 

 

 


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