BREAKING 2, BREAKING RULES
Esquí de muntanya | 21/05/2017

Nuestro tiempo es el de la discusión, de los opinólogos, de los tertulianos y de los que dominan el arte del tweet. O sea el arte de abandonar los matices y ser capaz de verlo todo muy claro en seguida. Un mundo que no puede esperar más y necesita que expreses tu opinión. O quizá la expresión de nuestra opinión sirve solamente para afirmar nuestra vanidad. Y quizá es explotando el filón de la vanidad donde descubres el verdadero éxito de los llamados líderes de opinión ya sean en la red, en el papel, en las ondas de radio o en pantallas de tele. Muchos de estos son los que han opinado sobre el famoso proyecto de Nike para bajar de las dos horas en el maratón.

 

En general los guardianes de las esencias del atletismo han salido en tromba defendiendo que la carrera organizada por Nike nunca será un maratón real. Que si las liebres, que si los avituallamientos móviles, que si el coche delante de los atletas, que si las zapatillas y todo lo que uno quiera para sacar mérito a la estrepitosa marca de Kipchoge. O sea correr 42,195km en 2h0’25’’, o sea correr a 2’51’’ el quilómetro, o sea correr a 21km/h, o sea mejorar en un 2% el anterior récord del mundo de maratón, o sea una locura que muchas cabezas no pueden asimilar. ¡Ups! Perdón por lo de record del mundo de maratón, ya no me acordaba que esto no era un maratón de verdad.

Pero ¿qué es un maratón? Porque en realidad el famoso Filípides –soldado encargado de llevar la noticia de Maratón a Atenas para comunicar la victoria sobre los persas- no llegó a completar los 42,195km y murió antes fruto del agotamiento.  El maratón en realidad es sólo una invención humana. En realidad no es nada. Si no fuera por los humanos no existiría. De la misma forma que los famosos catorce ocho miles que tantos quebraderos de cabeza llevan a los alpinistas sólo existen porqué nos dedicamos a contar en metros. ¿Qué pasaría con los catorce ocho miles si en vez de medir en metros midiéramos en pies como hacen los anglosajones? Pues que seguramente más gente se interesaría por montañas de gran belleza como el Gasherbrum 4 que por pocos metros no llega a los ocho mil.

El maratón, las reglas que lo rigen, el código antidopaje o lo que aceptamos como comportamiento leal y éticamente correcto sólo es una convención, un pacto, un acuerdo, unas opiniones generalizadas con las que nos hemos puesto todos de acuerdo. De hecho lo que hace que una sociedad sea una sociedad -lo que cose por dentro un grupo amplio de personas- son estas convenciones, estas normas implícitas aceptadas como buenas y que permiten que todos nos comportamos más o menos igual, no nos hagamos más daño entre nosotros y nos entendamos con relativa facilidad. Pero estos pactos, estos acuerdos, estas convenciones podrían ser otras. Lo que hoy nuestra opinión juzga como un comportamiento correcto el día de mañana puede no serlo. De la misma forma que las substancias que ayudan a cuidar tu cuerpo hoy pueden arruinarte la carrera deportiva el día de mañana. Un buen día la cafeína pasó de poderte hacer tristemente famoso a poderte alegrar cada mañana con su dulce sabor amargo porque la quitaron de la lista de productos dopantes. Un pacto como el que considera que el uso de zapatillas de cien gramos no son dopaje tecnológico. Una convención como la que nos habilita poder llevar mini ordenadores en la muñeca que nos permiten ver nuestro ritmo y saber si vamos demasiado rápido o demasiado lentos. Una convención que acepta poder entrenar en altitud para mejorar nuestro rendimiento. Un acuerdo con el que aceptamos unas liebres que no tendrán ninguna opción de ganar sabiendo que sólo están para correr unos quilómetros marcando el ritmo. Y en cambio una convención que parece que no aceptar las condiciones en que Kipchoge paró el crono en 2h0’25’’.

 

Pero poco importa si Kipchoge corrió o no corrió un maratón, esto es sólo una opinión que poco modifica la realidad. El mundo en realidad no espera nuestra opinión ni nuestra vanidad para seguir con la vida. Además estas opiniones con el tiempo cambian, igual que cambian las personas e igual que cambian las sociedades.  


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