BLANCA PRIMAVERA
Esquí de muntanya | 21/03/2017

¿El esquí de montaña es un deporte de invierno? Resulta bastante evidente responder afirmativamente a esta pregunta. Pero yo no creo que sea así. El esquí de montaña -teniendo en cuenta el estado de los montes- es para la primavera. Es en las semanas que agoniza el invierno y empieza la primavera que este deporte puede disfrutarse más plenamente. Es verdad que nos va a costar encontrar palas con nieve polvo. Pero encontraremos todas las vertientes de las montañas blanquísimas fruto de la acumulación de las nevadas y con nieve dura que hará que no rasquemos los esquís, que no haya riesgo de avalanchas y que no tengamos que abrir traza. Así la montaña será un mantel blanco donde dibujar lo que uno quiera sin ningún esfuerzo o preocupación. Además nos acompañará un sol calentito que nos invitará a quedarnos un buen rato en la cima contemplando un paisaje que tímidamente empieza a revivir. Esto si somos capaces -por un momento- de parar la velocidad del mundo. 

Pero si en vez de poner el foco sobre las montañas lo hacemos sobre los esquiadores tampoco el esquí de montaña es un deporte de primavera. Porqué es durante los mese de otoño que el esquí de montaña vive en las cabezas de todos nosotros su mayor intensidad. Siempre queremos vivir las cosas antes que pasen. De la misma forma que cada vez empieza antes la campaña de navidad será cuando en la montaña escasea la nieve, en el mes de noviembre, que iremos todos irracionalmente poseídos por esquiar en cualquier condición. En cambio cuando empieza la primavera y la montaña presenta esta invitación blanca a pasar horas enlazando un collado con otro, dejándote llevar por el poder de la imaginación y de atracción que sugiere una cima, una canal o una arista se va quedando cada vez más sola de gente. Entonces vamos a empezar a despreciar la nieve que tanto hemos deseado en otoño y querremos que se funda rápidamente por poder correr o ir en bici. Quizá nos comportamos así porqué aburrimos rápidamente las cosas. Quizá es porqué todos tenemos un poco de ese niño mimado que rápidamente se cansa del montón de juguetes que le dejan los Reyes Magos. Quizá es por esta obsesión de ir cambiando constantemente de canal. Quizá es por la necesidad de estarnos sorprendiendo constantemente por la novedad. Quizá es por la inercia de la velocidad en la que se mueve el mundo que nos ha tocado vivir. O quizá sea por todo esto y muchas cosas más al mismo tiempo.

A pesar de los problemas que llegan con esta realidad tan acelerada. A pesar de la infelicidad que nos provoca disponer de un océano delante nuestro por escoger un rumbo. A pesar de esta humanidad que quiere comer fresas en invierno por hacerlo menos duro y la realidad artificialmente más dulce. A a pesar del frío de los -cada vez menos- largos inviernos. A pesar de odiar las piedras que encontramos en el mes de diciembre cuando vamos a esquiar. A pesar de perder el tiempo discutiendo sobre si el esquí de montaña es un deporte de invierno, de primavera o de otoño. Y a pesar de no saber disfrutar de la nieve de primavera afortunadamente hay algo inmutable, ajeno e indiferente a nosotros que rutinariamente siempre llega. Cada año a pesar de todos los pesares con la primavera llega la vida.


SELECCIONA IDIOMA (CA)
CRèDITS
programador web freelance Barcelona